Divulgación. Miel cruda y curación de heridas

 In Divulgación

Seguimos con esta sección, agradecer de nuevo a Miguel Minguet, que está realizando las prácticas de empresa del Máster en Biotecnología Avanzada de la Universidad de Málaga con nosotros.

Prácticas de empresa

Miguel Minguet, alumno del Master de Biotecnología Avanzada de la UMA, junto a Eva Gómez, directora técnica del Aula Bee Garden

Miel en la curación de heridas en la piel

La miel se ha usado para tratar heridas y quemaduras desde tiempos inmemoriales, puesto que aísla la herida, hidrata el tejido dañado, reduce la inflamación e impide el asentamiento de microbios en la herida (Molan, 2006). Cada vez más evidencias sugieren que la miel interacciona con las células promoviendo la angiogénesis, la granulación y la epitelialización, además de incrementar la fagocitosis, expresar marcadores de reparación de tejidos, estimular a los linfocitos y provocar la transición epitelial-mesenquimal de los queratinocitos (Molan, 2001)(Barui et al., 2011)(Ranzato, Martinotti and Burlando, 2012).

La miel es apropiada para curar heridas entre otras cosas por su actividad antimicrobiana, mediada por sustancias como el peróxido de hidrógeno liberado por la peroxidasa, una enzima producida por las abejas (Wijesinghe et al., 2009). La actividad antibacteriana de la miel se ha manifestado contra S. aureus resistentes a meticilina y enterococos resistentes a vancomicina (Cooper, Molan and Harding, 2002).

Hay varios estudios que han reportado la curación de heridas localizadas en diferentes regiones de la pierna gracias a la aplicación de miel (Dunford, Cooper and Molan, 2000)(Alcaraz and Kelly, 2002). Otro estudio reporta la curación de 14 casos de gangrena genital y en el perineo con un tiempo de curación medio de 28,7 días (Anoukoum et al., 1998). Igualmente, la aplicación tópica de miel aceleró la curación de la herida, redujo el uso de antibióticos y erradicó las infecciones bacterianas en casos de infección postoperativa después de una cesárea (Nikpour et al., 2014).

Aplicando miel de manuka, según otro estudio, se estimula la producción de tumor necrosis factor alpha (TNF-α) por parte de los monocitos, a través del receptor TLR4, que es estimulado por un factor no identificado de 5,8 kDa (Tonks et al., 2007). La producción de TNF-α y otras citoquinas inflamatorias llevada a cabo por los macrófagos es esencial para el proceso de curación de una herida (Zhang and Schluesener, 2006)(Lin et al., 2003). Otro mecanismo de acción de la miel para sanar heridas es incrementar la producción de óxido nítrico y reducir la de prostaglandinas (Al-Waili et al., 2006).

La actividad proteasa, que causa retraso en la curación de una herida, se ve reducida gracias a la acción de la miel (Simon et al., 2009). Se han reportado resultados positivos en 17 ensayos aleatorizados y cinco pruebas clínicas distintas del ensayo aleatorizado con miel (Al-Waili, Salom and Al-Ghamdi, 2011). En experimentos con animales, la efectividad de la miel para asistir en la curación de heridas se ha demostrado en 16 ensayos. Comparada con otros recubrimientos para heridas, la miel mejora la curación en quemaduras superficiales y de espesor intermedio (Al-Waili, Salom and Al-Ghamdi, 2011).

Una revisión sistemática y meta-análisis de ensayos aleatorizados que compara la eficacia de la miel como recubrimiento para quemaduras con un recubrimiento estándar, concluye que el efecto de la miel y el cubrimiento de la herida con una gasa es comparable al tratamiento con sulfadiazina de plata (Wijesinghe et al., 2009). En una revisión de la literatura, más de 470 casos de úlceras fueron tratados con miel, y sólo se encontraron 5 casos en los que no se alcanzó la curación total (Tovey, 1991). Otra revisión concluye que la miel es una terapia tópica barata y con un importante potencial para la curación (Eddy, Gideonsen and Mack, 2008).

Miel cruda vs. miel procesada

En el estudio de Blasa et al.,2016 se miden el contenido de polifenoles y flavonoides, además de la capacidad antioxidante, de dos tipos de mieles crudas, comparándolas con sus homólogas procesadas. El contenido total de fenoles de la miel procesada es 3,2 veces menor que el de la miel cruda para miel de mil flores, y 4,3 veces menor que el de la miel cruda para miel de acacia (Blasa et al., 2006).

Hay que mencionar que las mieles crudas más oscuras y opacas son las que contienen mayor cantidad de fenoles totales y tienen mayor capacidad antioxidante (Chen et al., 2000) (Frankel, Robinson and Berenbaum, 1998)(Taormina, Niemira and Beuchat, 2001). La capacidad antioxidante de ambas mieles crudas es significativamente mayor que la de sendas mieles procesadas (Blasa et al., 2006).

Hay una correlación positiva y lineal entre el contenido de flavonoides y la capacidad antioxidante, al igual que entre la cantidad total de fenoles y dicha capacidad. En este último caso, la correlación entre las variables es exponencial (Blasa et al., 2006). La observación de que las mieles más oscuras ven más afectado su poder antioxidante que las que son más claras, debido al procesamiento, está en concordancia con lo observado por Wang, Gheldof y Engeseth, 2004. Igualmente, según estos autores, el procesamiento de la miel elimina muchos de los fitonutrientes que contiene la misma cuando está en la colmena (Wang, Gheldof and Engeseth, 2004).

 

Cuidado dermatológico y miel

La evidencia histológica ha revelado que la miel se ha usado como cosmético ocular, como irrigación vaginal (por su acción antibacteriana) (Burlando and Cornara, 2013), como vehículo en cremas y lociones, como hidratante, como bálsamo para los labios, como mascarilla y como tinte para el pelo (Cavallo et al., 2008). En medicina tradicional china la miel se ha usado para tapar la decoloración de la piel, las pecas y las cicatrices (Oumeish, 1999). Debido a su actividad antibacteriana, la miel se ha usado contra la candidiasis vaginal, la micosis superficial, el pie de atleta y contra la tiña (Molan, 1992).

Las características dermatológicas de la miel se deben a la presencia de peróxido de hidrógeno y metilglioxal (Khan, Naz and Abudabos, 2017). La miel es útil para el tratamiento de la caspa, la dermatitis del pañal, la seborrea, las hemorroides, la psoriasis y las fisuras anales (Burlando and Cornara, 2013). En las formulaciones cosméticas, la miel actúa como humectante, suavizante, retrasa la aparición de arrugas, mantiene la piel joven, previene las infecciones de patógenos y regula el pH (Khan, Naz and Abudabos, 2017).

El mecanismo de acción de la miel se debe a su efecto antioxidante, y consiste en la inducción de citoquinas, en la expresión de metaloproteinasas de matriz y en la inducción de la transición epitelial-mesenquimal (Burlando and Cornara, 2013). Estudios in vitro demuestran que la toxicidad de la miel en queratinocitos y fibroblastos es extremadamente baja (Ranzato, Martinotti and Burlando, 2012). La miel de manuka es efectiva en el tratamiento de la rosácea, una enfermedad incurable de la piel. La eficacia de la miel de manuka para tratarla se atribuye al efecto antibacteriano y antiinflamatorio y al efecto sanador de dicha miel sobre la piel dañada (Khan, Naz and Abudabos, 2017).

La miel demuestra tener propiedades demulcentes y anti-irritantes, que la hacen especialmente indicada para bebés y personas con la piel delicada. Además, este efecto anti-irritante amortigua la acción de los compuestos que bloquean la radiación en las cremas solares. Los derivados de la miel se usan en una gran cantidad de productos: la miel hidroxipropiltriamonio se considera un buen acondicionador para el pelo y el cuero cabelludo, puesto que penetra en la raíz del cabello y aumenta su elasticidad y su flexibilidad (Burlando and Cornara, 2013). Hay mieles hidrogenadas, de humedad intermedia y secas en las formulaciones de cosméticos y jabones (Umesh Hebbar, Rastogi and Subramanian, 2008)

La aplicación de miel a secas sobre la piel, que está presente en usos populares, no se usa en la industria cosmética debido a su naturaleza pegajosa. La miel se suele usar en proporciones que oscilan entre el 1 y el 10% en productos como bálsamos labiales, leches limpiadoras, cremas hidratantes o geles (Krell, 1996). Sin embargo, se pueden alcanzar concentraciones más altas mezclando la miel con aceites, gelificantes y emulsionantes, pudiendo obtenerse concentraciones cercanas al 70% manteniendo una actuación satisfactoria por aplicación (Mousa, 1994).

La adición de miel al 3-20% a un champú ha demostrado conferir abundancia al cabello, mantenerlo rizado y lubricarlo, haciéndolo más fácil de peinar (Borchorst, 1978).

 

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